| Bueno, de las más tranquilas… para él porque el crucero a través de los fiordos chilenos suele ser agitado. Afortunadamente, después de un día de lluvia, tendremos un cielo despejado hasta la llegada, recorriendo así sin ninguna dificultad el “golfo de Penas” que suele remover los estómagos de los más sólidos. Después de un año en una casa móvil, es poco decir que estoy impaciente por hacer un crucero… aun sin vestido de gala… | |
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Me desilusiono rápido… en Navimag, no es el rollo
“Vacaciones en el mar”. Ya que el
“titular” está averiado, nos toca un
viejo ferry previsto para por lo menos 3 veces menos de su capacidad en
pasajeros. Estos mismos que no son millonarios sino mochileros que
comparten cabinas para cuatro o, para los menos afortunados, el
dormitorio de 16 personas. Afortunadamente, tenemos derecho a un
régimen de favor, una habitación de cuatro para
nosotros, o sea, una cama para cada uno. El vecino que ronca
está realmente al otro lado de la pared aun si no lo parece.
La única sala en común sirve también
de comedor a donde va la gente dividiéndose en 3 grupos
seguidos para que todos puedan comer sentados.
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| Parece que soy la única que sufre de esta repentina promiscuidad. Charles charla con todos, Romain desafía a los niños al Lego en todos los idiomas y Inés, nada tonta, se gana la simpatía del cocinero… para aprovechar de un régimen de favor durante todo el crucero… | |
| Durante el día, las carreras de locos de los niños entre las mesas o en el puente no nos dejan mucho reposo. Pero por la noche, un poco de sentido del humor y de pisco sour nos permiten disfrutar de las noches del “club”, no tenemos la oportunidad de bailar cada día ¡ aun calzados de “Pataugas” ! Así podemos simpatizar con la tripulación que trabaja 3 meses sin parar para tener luego 1 mes de descanso, otro oficio de recuerdo para no ser exigentes a la vuelta… | ![]() |
| Pero el mayor espectáculo está en el puente. El primer día, el barco se desliza por los canales para llegar al pie del glaciar Amalia. Desafortunadamente, no tenemos buen tiempo, el cielo es tan blanco que se confunde con las cimas nevadas. Un sol radiante nos acompañará los dos días siguientes, pero ya no nos acercaremos tanto a los glaciares. Dos meses en Patagonia y te vuelves exigente, las ballenas “calderón” o ballena piloto que soplan lejos no provocan tanto efecto en nosotros como sus primas de Valdés… Finalmente, para mí, el apogeo será… en tierra. El segundo día, desembarcamos en Puerto Edén. | ![]() |
| Pero Puerto “Edén” no tiene nada en común con el paraíso. Aquí hay humedad y frío todo el año y podemos alegrarnos por ver un leve rayo de sol. Es un pueblo completamente cortado del mundo : la única fuente de abastecimiento es el buque Navimag en el cual navegamos y que hace escala aquí cada semana cuando el tiempo lo permite. Sin embargo es aquí que “instalaron” los últimos indios fueguinos, los Alacalufes. Hoy solo queda un grupito, perdido entre la pequeña centena de aldeanos de Puerto Edén. Su historia es muy similar a la de los Yamanes de Ushuaia y igualmente que estos, entrarán en los libros de historia dentro de poco. | ![]() |
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El conflicto se percibe claramente. La mayoría de los viajeros aprovecha esta oportunidad para estirar las piernas caminando un poco y una ola de chalecos salvavidas naranjas inunda las pasarelas, con la conciencia bastante tranquila. Detrás de un puesto de mercancía está Gabriela, una de las últimas indias Alacalufes. Digna y erguida, posa para la foto “souvenir”. Me toca mi turno, saco la foto rápidamente y corriendo, me atrevo sacar una tímida sonrisa mientras le compro dos pequeñas lanchas de madera. Luego me alejo para observarla. No tengo nada de un misionario inglés, sin embargo no tengo la conciencia tranquila… |
| Desembarcamos en Puerto Montt; estamos más o menos a la misma latitud que Puerto Madryn en Argentina. Pero todavía no estamos listos para dejar la Patagonia así que damos una vueltita en la isla de Chiloé. Ya tuve la oportunidad de conocer Chiloé hace unos años y no pensaba volver a ver esta isla tan pronto. | |
| A pesar de sus encantos, con sus 350 días de lluvia al año, la isla no tiene nada que ver con un paraíso turístico. Cada jornada empieza con un sol radiante que nos abandona rápidamente reemplazado por una llovizna deprimente. Azul, rosa o violeta chillona, las fachadas de las casas no consiguen hacer olvidar el gris desesperante del cielo. Hasta la postal de la isla, los palafitos, las casas sobre pilotes de Castro no se ven en su mejor día. Debajo de la lluvia, el toque pintoresco se esfuma revelando la insalubridad de estas cabañas que parecen más que frágiles en equilibrio encima de los palos de madera. | ![]() |
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Entonces, cosa bastante excepcional, vamos de iglesia en iglesia. Hay que decir que en esta isla tan grande como Córcega, se cuentan alrededor de 150… incluyendo 16 declaradas Patrimonio de la Humanidad. Completamente hechas de madera de alerce, sin un mínimo clavo (se oxidaría rápido con este clima tan húmedo), reflejan la historia de esta isla tan peculiar. Es que aquí, y no como en Tierra del Fuego, los indios y los colonos han juntado sus fuerzas para sobrevivir al aislamiento y al clima. No, los chilotes no han renegado sus costumbres sin protestar, como lo demuestra una mitología todavía muy presente. Pero se han acostumbrado a la presencia de los europeos, de la misma manera que estos han aprendido a escuchar la sabiduría india. De esto nació el pueblo chilote, el símbolo de un exitoso mestizaje racial y cultural. El triste destino de los Alacalufes y Yamanes esta todavía fresco en mi memoria y no me siento muy a gusto al observar un indio persignándose en la iglesia de Achao. Sin embargo, cuando levanto la mirada hacia la bóveda maravillosamente esculpida, puedo apreciar toda la habilidad y la abnegación de su pueblo. Pertenece a esta iglesia y esta forma parte de su historia. |
| La lluvia nos echa de Chiloé. Sacrificamos la región de los lagos chilenos por su vecina argentina y en un par de días llegamos a San Carlos de Bariloche. Esta gran ciudad no nos convence, solo nos quedaremos el tiempo necesario para lo indispensable : la vacuna contra la fiebre amarilla para Inés (gratuita y conseguida en menos de 2 horas de espera… ¡ que alegría !) y una buena dosis de chocolate. ¡ Después de 15 meses en Latino América, ahora entendemos donde va parte del cacao producido en este continente ! |
| Nos lanzamos por las carreteras de los 7 lagos… pero nos falta un poco de valor y nos paramos a la orilla de uno de los primeros lagos que encontramos, el Espejo chico. El sitio es idílico, el agua transparente. Nuestros pequeños salvajes ni toman tiempo para ponerse un traje de baño, corren directo al agua… ¡ uy …. Seguro que está al menos a 17°C ! Aquí pasamos un día hermoso, encantados por volver a ver el sol… tan entusiastas que colocamos nuestros abrigos y lanas al fondo de los armarios. | ![]() |
| Pero era olvidar demasiado rápido que la región de los lagos TODAVIA es parte de Patagonia. En un par de horas, el cielo se cubre y trombas de agua nos caen encima de la cabeza toda la noche… una semana antes, ¡ dicen que había nieve ! | |