Torres del Paine, enero del 2007

Para pasar las fiestas, los viajeros se reúnen tradicionalmente en Tierra de Fuego. Pero al último momento, preferimos girar hacia el interior para alcanzar los glaciares : hace -5°C en Ushuaia, ya tenemos tiempo de llegar y así tendremos Perito Moreno sólo para nosotros antes que lleguen los veraneantes (largas vacaciones de enero-febrero).

Para llegar a El Calafate, gran dilema: 200 km de pista o 480 km de carretera de asfalto. Como siempre, estoy a favor del "más corto en el mapa", pero Charles todavía no me ha perdonado por el "atajo" en Ecuador que resultó ser 6 horas de pista realmente desastrosa. Sin embargo se deja convencer y atravesamos el corazón de la Patagonia : alambradas delante de unos campos áridos y ventosos, unos corderos que huyen indolentemente detrás de estas alambras, vagos carteles colgados en los portales de madera señalando la entrada de una nueva estancia… ¿ cómo puede ser la vida aquí ? patagonie
De muy lejos divisamos a un gaucho, pero encogido en sus vestidos, inclinado encima de su caballo, está luchando contra el viento, ni ve nada, ni ve a nadie… Charles se parece un poco a él, crispado encima del volante. Es que con borrascas de más de 100km/h, es difícil controlar la bestia…

Alcanzamos El Calafate el 23 de diciembre, en busca de un eventual árbol de navidad. En la calle principal, las tiendas "chics" de casitas de madera se suceden, los turistas miran los escaparates, llevan abrigos y gafas de sol, es Megève sin nieve, Chamonix sin eskis. Desde hace unos 15 días, el viento no nos deja en paz pero aquí, es glacial… nos calentamos en el famoso Rick’s. Compartimos con nuestros pajaritos el tenedor libre, buffet libre, es decir en Argentina un buffet de verduras limitado, un montón de carne asada, se suceden ternera, cordero, pollo, salchicha, morcilla, etc. En poco tiempo, ya no podemos más… ¡ y pasaremos de comer carne durante más de 3 días !

glacier
Nos vamos el día 24 al parque nacional de los Glaciares y nos aparcamos ingenuamente al pie del Perito Moreno. Hacer camping está prohibido pero los guardaparque sin duda se dedicarán más a vigilar el asado que a desalojar los ocupas… una bajada de un par de minutos por la pasarela de madera y allí estamos, delante del glaciar: ¡ 60 m de altura, 5 km de ancho y 15 km de largo ! Es un espectáculo hipnótico… nos quedamos aquí con los ojos clavados en estos bloques de hielo que crujen, rechinan, ceden… y se desploman. Los bloques no son blancos sino azulados lo que explica el extraño color azul-verde del lago Argentino donde se derrumben.  
Se necesita un silencio religioso para escuchar el glaciar... pero todavía quedan grupos de turistas ruidosos en las pasarelas, Romain que tiene frió y que repite como un disco rayado "¿ cuándo se va a caer ?" e Inès lloriqueando de concierto con los bloques de hielo porque los crujidos le asustan…
Entonces, el día 25 de diciembre, saltamos fuera de la casa móvil a las 7 de la mañana para "nuestro" regalo de Navidad : ¡ un Perito Moreno virgen, desierto y silencioso ! Disfrutámos mucho de esta hora inolvidable, solos frente al glaciar, sobre una pasarela cerrada al publico (segunda falta al deber de obediencia el día de Navidad ¡ vaya ejemplo !). Vuelta a casa a las 8 para despertar con dulzura los niños y extasiarnos junto con ellos de la hazaña del Papa Noel que supo encontrar sus pequeños zapatos, aun sin chimenea, aun sin dirección fija de nuestra casa… glacier
iceberg Pero el Parque de los Glaciares no sólo es el Perito Moreno, una excursión en barco de un día nos permite acercarnos también del glaciar Upsala. Todavía hace un frío polar y estamos mal equipados (1 par de guantes para 4), así que salimos por turno fuera de la cabina. Afortunadamente, unos ventanales grandes permiten ver el espectáculo por dentro también y ¡ vaya espectáculo ! Deslizamos entre iceberg de color azul que parece irreal, hasta llegar al pie de los glaciares.
Después de 5 horas de barco, nos paramos para dar un paseo por el lago Onelli. Inès insiste para caminar sola, a pesar de los obstáculos, sin preocuparse de los turistas que le pasan delante, divirtiéndolos con su paso decidido… Vamos por un bosque de árboles muertos. El suelo debajo de nuestros pies tan sólo es una delgada franja de tierra encima de la roca, los árboles no pueden echar raíces y resistir mucho tiempo a los vientos de aquí. Compadecemos… El lago Onelli, unión de dos otros glaciares, es cubierto de iceberg con formas y colores raros… no queda tiempo de admirar todos los matices, el cielo se nubla y debajo de la lluvia volvemos en el barco... bloc de glace
Sin embargo, empezamos a acostumbrarnos a las lluvias esporádicas de Patagonia y volvemos a pasar la noche en el glaciar. Bingo, nos despertamos con un sol radiante y saludamos por última vez ¡ el gran Perito Moreno !

Vuelta a El Calafate... alguien llama a la puerta. ¡ Los Chaussende ! Una familia que conocimos en Salta, un niño "grande" y dos princesas encantadoras viajeras… ¡ Romain está en la gloria ! Hoy es el 28 de diciembre, abrimos el champagne con un poco de antelación. Al cabo de 3 días, ni nuestros charloteos, ni el excelente vino argentino parecen agotarse, pero ha llegado el momento de marcharnos. Ellos hacia el Norte, nosotros hacia el Sur… sin calefacción ni agua caliente, prefieren dar la vuelta a Ushuaia y buscar el calor… tele
La verdad es que el termómetro oscila entre el "frío" y el "glacial" y los viajeros menos equipados empiezan a sufrir. Por fin tomamos nuestra revancha sobre los 4x4 que se burlaban de nosotros en las pistas y apreciamos el valor de la comodidad que nos da nuestro "8 m y pico" ¡!!

El día 31 de enero, nos encontramos en la carretera entre El Calafate y Torres del Paine, Argentina y Chile, por unas carreteras propias de Patagonia, monótonas y interminables… en el medio de la nada está la última gasolinera antes de pasar a Chile, Tapi Aike. Está cerrada, es nochevieja. No sólo no podemos poner gasolina sino "sacrificamos" un bidón a un motociclista surafricano, totalmente a seco y así le salvamos de una nochevieja catastrófica. Un ciclista aterido de frió que pensaba refugiarse también en esta cafetería viene con nosotros para compartir el almuerzo. La Patagonia te vuelve solidario…

Por fin alcanzamos las famosas torres del Parque nacional Torres del Paine. Es tarde pero un vivaque providencial nos espera, al lado del lago Nordenskjöld, mucho más acogedor que el nombre que lleva. Con un par de gotas de Champagne en sus vasos, los niños ya no se pueden controlar, el ambiente se calienta con ritmos latinos… mientras se quema tranquilamente el "pollo Torres del Paine a mi manera". Una nochevieja fantástica si no se hubiera invitado al final una pareja belga que tiene mucha curiosidad por comparar el precio del barril de gasolina en los diferentes paises de Suramérica (bostezos). No podemos llevarnos cada vez el mejor premio… les tours
azul El año empieza frente de las Torres del Paine, debajo de un sol radiante y un viento… patagónico. Voy sola a pasear y más de una vez pierdo el equilibrio. Luego, le toca a Charles salir y dar un paseo. Salgo con los pequeños trotamundos (¡ tal nombre se tiene que ganar !). En el medio del parking, una borrasca se levanta y parece que va a llevarse todo, niños, carrito, peluches. Los guardaparques nos socorran, las lagrimas de los niños se secan rápido al ver bollos de leche pero todavía estoy traumatizada. Pasaremos los siguientes tres días en la casa móvil haciendo pintura, ¡ esperando que CALME el viento !
Es una lastima porque el lago Grey nos regala su paleta de colores preciosos, con sus iceberg azulados y su agua turquesa debajo de un cielo nublado. Conseguimos sacar una foto de la familia, pagándola con muchos esfuerzos… y 2 chupa chups sabor naranja. En el parque, el mínimo hotel ya tiene 4 estrellas… ni una cafetería donde refugiarse, ni un local municipal para calentarse. Parece que la casa móvil se hace un poco pequeña, la cohabitación H24 se vuelve difícil, el viento fortalece y nuestras noches se ponen blancas. Decidimos levantar el campo, dejando a otros este "paraíso del senderismo" (sic). iceberg
banduria Un poco decepcionados igualmente, nos damos una última oportunidad... milagro, la calma nos espera en la costa del lago Azul. Tan inesperada que Charles no duda en levantarse a las 5H30 para traer y enseñarnos unas preciosas fotos de pájaros. Y más tarde lleva a toda la familia fuera para un auténtico paseo-picnic. Gracias a nuestra gran tenacidad, disfrutamos por fin de Torres del Paine…

Al contrario de lo que podríais pensar, no es la « chica del Sur » que echa pestes contra el tiempo, ya que al contrario, fue yo la que insistó para seguir nuestro camino hacia Tierra del Fuego. Es una madre de dos bolitas de nervios que se no paran de dar vueltas en la casa móvil como dos fieras en cautividad… durante algo que me parece ser una auténtica tormenta, pregunto a un taxista de Río Grande :
"- ¿ Pero que suelen hacer los niños aquí ?
- Miran la tele."



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