Buenos Aires, marzo del 2007

Los bruscos cambios de humor de Harvey nos obligan a enfrentarnos a Buenos Aires con 2 niños pequeños y una casa móvil de 9 m. Pero como nos dejan un piso, empezamos a soñar con niñeras y con locas fiestas nocturnas… evidentemente, nada sucedió como previsto ¡ pero conservaremos de Buenos Aires unos recuerdos inolvidables !
El primer personaje que conocemos, es Hugo Rosa, mecánico por supuesto. Agotados por 3 largos días de viaje, solo pensamos en dejar Harvey y las felicidades del nomadismo para descansar en el piso tan deseado… el problema es que el piso, al final, no está disponible por ahora y tenemos que improvisar ya que los albergues rechazan nuestra chiquillería y los hoteles disponibles son cada vez más sórdidos. Después de 3 mudanzas en 4 días, por fin instalamos nuestras mochilas en el barrio de Recoleta. Los pequeños pueden instalarse a sus anchas, y nuestra simpática huésped, Marimée, insiste para que se sientan como en su casa. Estos primeros días en Buenos Aires ponen a prueba nuestros nervios. Charles, cansado, no para de hacer idas y vueltas al taller mecánico, mientras yo doy vueltas por Recoleta, sola con una Inès agotada y agotadora. Estamos en situación “supervivencia”, muy lejos del pisito acogedor, de las noches de fiestas y de las numerosas niñeras…  carlos

Por suerte, en Argentina, nunca estamos mucho tiempo solos. La red de contactos de nuestros amigos funciona ¡ y por supuesto, los amigos de nuestros amigos se vuelven nuestros amigos ! Estamos encantados por volver a ver a Dolores y gracias a su buen humor comunicativo y a su madre, Cris, recuperamos la sonrisa con unas riquísimas empanadas. Bati, que sigue nuestro viaje por Internet desde hace meses, comparte una copa con nosotros antes de coger un avión… ¡ para Francia ! Y Sophie-amiga de Astrid, “expatriada” en Buenos Aires nos inicia en el mundo del tango.
dol cris
bisou Una tarde, al lado de unos columpios, conocemos una pareja muy simpática y a Francesca, gemela de Inès… Jorge, otro viajero, y Valeria, impresionados por nuestras aventuras no paran de repetir “que buena onda” (aunque estamos más bien agotados). Sin embargo, fue un flechazo, ya que el mismo día, compartimos la cena con ellos y que al día siguiente, ¡ les dejamos nuestros pequeños ! gouter

Hay que ser muy atrevido para hacerlo, sí, ¡ pero hace tanto tiempo que nos hablan del tango de Buenos Aires que nosotros también tenemos ganas de meternos sin vergüenza ! Así que nos aprovechamos de nuestros nuevos amigos para reunirnos con Sophie en el festival del Tango. Nada que ver con los pasos de baile ampulosos que vemos en nuestras fiestas francesas. Aquí, el tango es dinámico y sensual, los gestos son lentos pero con mucha técnica, y eso se observa tanto en los jóvenes como en los veteranos. Pasamos delante de encantadoras casetas, saludamos de pasada unos disfraces de purpurina y bandoneones. Yo, me muero por llevar estos zapatos de tacón : con el arqueo y la silueta que dan, transforman cualquiera mochilera en mujer fatal…
deux El espectáculo nos encanta, y con el ambiente y el vinito blanco de Mendoza, improvisaríamos unos pasos… Afortunadamente, esperamos estar en las calles desiertas del barrio de la Boca para olvidar nuestras inhibiciones. Y más, ¡ con Inès y Romain como parejas de baile !  cines
tango
"Que buena onda Buenos Aires", una ciudad trasnochadora y sobrexcitada. Aunque aun estamos un poco desfasados, caímos bajo su encanto. Para un paseo tranquilo, caminar por los muelles de Puerto Madero, por sus puentes elegantes con su fragata y sus terrazas al borde del río. Sentir el discreto toque francés de Recoleta, con sus edificios tan similares a los de las avenidas parisinas, sus parques y su iglesia, hasta su cementerio para encontrar la tranquilidad máxima. En Palermo, perderse en el inmenso zoo y reponer fuerzas en el jardín japonés. Y para terminar, por el fin de semana, dirección Boca y San Telmo donde no hay más trafico en las calles sino peatones, pintores, músicos, incansables bailadores de tango… y turistas.
boca

nike
Por la mañana, me quedo observando Palermo Viejo despertando, ya es tarde claro : el barrio vive por la noche y el día empieza alrededor de las 12. Los árboles que bordean las calles de piedra esconden escaparates heteróclitos, “vintage” o diseños. Atraída por un portal de estilo antiguo, me acerco y me encuentro en una tienda Nike donde una tapicería con florcitas acompaña lo más moderno… zapatillas expuestas como si fueran obras de arte, de hecho, me dicen que solo puedo sacar una foto…. ¡ para no estropear los colores supongo ! pero eso no será suficiente para acabar con mi buen humor, porque las etiquetas de precio en estas tiendas de lujo son ridículamente asequibles y que puedo comprarme dos vestidos rebajados al precio de un trapo en H&M…
Aun si a las doce, nos cuesta dar de comer a los niños mientras todo el barrio esta todavía tomando el café de la mañana, aquí nos sentimos bien. Casi nos imaginamos con nuestras costumbres, conociendo los dueños de los comercios y tiendas del barrio, y reencontrándonos con nuestros amigos porteños Jorge, Valeria, Dolores, Bati, Sophie… ¡ que buena onda !

(¡ Gracias a Manu y Julio Herrera por la traduccíon !)
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