Cuzco, julio del 2006

Por fin pensamos que llegábamos a Perú... ¡ y nos encontramos en el Sahara ! El camino de la costa atraviesa inmensos desiertos, pueblos con casas de adobe y techos de calamina, arena y polvo hasta el infinito… un paréntesis en nuestro paseo por los Andes. Estos inmensos llanos nos motivan para pasar la noche en el desierto pero no nos atrevemos por una cuestión de seguridad. Sin embargo, hacemos unas paradas de “desahogo” después de horas de carretera, ¡ para llevarnos finalmente un poco de arena en los bolsillos ! desert
retrouvailles Cosa extraña, el contador se vuelve loco, recorrimos kilómetros por carreteras casi perfectas. A 100 km por hora de promedio, es el mínimo para llegar a tiempo a Lima donde nos esperan JB y Anne que han venido a visitarnos desde… ¡ Jamaica ! Sólo nos permitiremos una paradita en Trujillo, para visitar los sitios pre-incas de Chan Chan y de la Huaca de la Luna. En Lima, nos reunimos con JB y Anne en el barrio porteño de Callao, para pasear por la Punta, otro malecón… tan sórdido que huimos para irnos al centro de la ciudad. Los “poussins” se han vuelto adultos… ¡ los pisco sour y empanadas reemplazan a las pizzas-cervezas de la gran época !

Después de Lima, el desierto nos atrae otra vez. Pasamos la noche en el Parque nacional de Paracas para luego ir a las islas Ballestas. Focas, cormoranes y pingüinos pero sobre todo unos Flipper que nos escoltan para salir del puerto, ¡ Nunca nos cansaremos de este espectáculo ! A proximidad de Ica, nos paramos cerca de la laguna de Huacachina que parece “un oasis en un desierto miniatura”. El oasis no destaca por su limpieza pero la vuelta en Buggy, recomendada por amigos, vale realmente la pena.  idunes
petit prince Las dunas peruanas no tienen nada que envidiar a las montañas rusas ¡ y grito mamá cerrando los ojos mientras Romain pide más ! Paradas mágicas desde donde contemplamos el desierto antes de iniciarnos al surf en las dunas de arena. No le hace falta la plancha a Romain, el desierto le da alas. Camina, corre, vuela… ¡ Me recuerda al Principito en su planeta, solitario y feliz ! Dos horas de felicidad, aun si nos sentimos aliviados al regreso… habíamos dejado Inès en los brazos de una viejita arisca. ¡ Por suerte, la pequeña viajera tiene facilidad para adaptarse y parece que no nos tiene rencor ! 
Y otra más, dejamos plantada a Inès otra vez en Nazca. Después de negociar, el hotel Suizo echa la casa por la ventana: nos proponen un tele para ver la semifinal del Mundial, un baño en la piscina para los niños, y para terminar, una visita guiada del jardín para Inès mientras sobrevolamos las líneas. No está nada de mal. Romain está nervioso hasta el despegue pero el ruido en los auriculares y las acrobacias de la avioneta podrán más que su entusiasmo. Hay que decir que las esmeradas piruetas del piloto permiten ver de manera perfecta las líneas ¡ pero provocan un leve mareo ! fenetre
Inmensas y perfectas, las líneas de Nazca parecen burlarse de nosotros... guardarán sus secretos. Mientras hacemos una corta visita al museo de la ciudad, conocemos a Leo, un arqueólogo que participa en las investigaciones del sitio y nos ofrece unas explicaciones apasionantes (leonasca@hotmail.com).

Atacamos por fin la famosa carretera Nazca-Cuzco. Tres días, una subida hasta 4500m y luego, una bajada a 2500m antes de volver a subir a 3500m. ¡ Y pensar que hay locos que lo hacen en bicicleta !!! Desde el comienzo en Nazca, la carretera sube en zigzag, volvemos a los Andes. Los únicos en cruzar nuestro camino son las vicuñas y las llamas. El aire y el pasto escasean, el cielo más azul que nunca, ¡ Dios, que lindo ! Único problema : Harvey no se repone después de llenar el tanque de gasolina (¿ o de agua ?) en un grifo, en vez de hacerlo en una gasolinera oficial. Tendrá varias averías, una gran historia empezará entre Charles y el filtro de gasolina… peluches

Por fin, Cuzco. Un pequeño error de apreciación del mapa nos lleva… al centro de la ciudad. No pasa nada, según el mapa, la carretera que buscamos no está lejos. Excepto que… es un callejón que acaba en una bonita escalera. Es imposible dar la vuelta, entonces hacemos una épica marcha atrás en esta callecita realmente estrecha, guiados por los bocinazos. Además, nuestros frenos, llenos de polvo, hacen un ruido terrible. ¡ “chapeau” por la discreción !
Acabo pidiendo ayuda a un uniformado de guardia por allí. Detiene el tráfico para dejarnos dar la vuelta pero una de sus colegas, no muy despierta, nos guía hacia una carretera aún más estrecha que nuestra litera matrimonial… y ahora le toca a ella parar el tráfico para que nos dejen hacer marcha atrás. Mientras nuestra situación parece cada vez más desesperada, una mujer se planta delante de nosotros: ¡ es la dueña del camping que estamos buscando y se ofrece escoltarnos hasta allí ! El traumatismo desaparece al ver el recinto de la Quinta Lala, un pequeño paraíso encaramado encima de Cuzco… plaza cuzco
“Perdemos” nuestra primera tarde en un bar acogedor, mantenido por un Francés y una Ecuatoriana… es la final del Mundial entonces fingimos conocer a los jugadores. Pero si hubiéramos sabido que todas las otras visitas de Cuzco serían para ir a ver los mecánicos y los vendedores de batería, ¡ no habríamos jugado la prórroga ! Abandonamos Cuzco un poco frustrados para al menos aprovechar el Valle Sagrado
ollotaytambo No entendemos bien la lógica de los trenes para Machu Picchu pero hemos llegado a un compromiso para cuidar a los pequeños trotamundos… y nuestro monedero : primera noche en Ollantaytambo, por la mañana un tren para Aguas Calientes (pueblito situado debajo del sitio) y visita de Machu Picchu al día siguiente, antes de volver a coger el tren por la tarde. Una pena : tenemos poco tiempo para visitar Ollantaytambo, un pueblo y un lugar preciosos mientras nos quedamos un día entero en Aguas Calientes, un amontonamiento de bloques de cemento y de tiendas para turistas ¡ ningún interés ! Por suerte, nos consolamos rápido en uno de los mejores restaurantes del viaje, el Indio Feliz. El trato, el vino, el marco y hasta la crema de chocolate de postre… ¡ lo que faltaba !


MACHU PICCHU visto por... CHARLES
Me levanto a las 4h15 para estar en el sitio en cuanto abra, a las 6 de la madrugada. Una subida de una hora y cuarto desde Aguas Calientes, un sendero de piedras y luego unas escaleras, no muy agradable. Sólo somos 4 excursionistas arriba delante de la entrada cuando llegan los dos primeros autobuses. Hay que apurarse entonces para evitar el flujo y seguir el camino que sube pero esta vez dentro del recinto. Al final, junto con un puñado de turistas descubro Machu Picchu al amanecer, en un silencio sobrecogedor. Se siente la emoción, los ojos brillan, sólo hace falta un poco de imaginación para ver la ciudad animada y llena de gente nuevamente. Recorro el sitio para llegar al pie del Huayna Picchu, la montaña que domina todo y que es reina en todas las fotos. 
machu ... y por BÉNÉ
Romain e Inès despiertan alrededor de las 7… nos vestimos y desayunamos en el hotel, desierto. Las mochilas hechas, Inès en los hombros y Romain tomado de la mano, consigo coger el bus de las 8, no está mal. Pero con la espera y el trayecto, ya son las 8h40 cuando llegamos a la entrada del sitio. Es difícil anticipar el asombro al contemplar Machu Picchu en este autobús lleno de turistas y con los chicos que no quieren quedarse quietos. No tengo tiempo de dejar las cosas en el depósito, Charles nos espera a las 9 en la plaza sagrada. ¡ Que bien que lo habrá pasado ! 
Una llave escondida debajo de un guijarro abre el camino a los madrugadores. Al final de un sendero muy escarpado, la recompensa: asisto a la puesta del sol en Machu Picchu. Desde la cima, la vista es casi aérea, se puede apreciar la envergadura de la ciudad. Observo, fascinado, la fuerza del espíritu inca y la madurez de esta civilización. Pero ya ha llegado el momento que tengo que bajar y reunirme con Béné y los niños que me esperan abajo, después de un rodeo (involuntario) por el Templo de la Luna. alpagamachu Una vez allí, gran momento de soledad: centenas de escalones gigantescos, a Romain hay que motivarlo, Inès en los hombros y mochila adelante ¡!! Pregunto como 10 veces mi camino para al final entender que el acceso a la Plaza Sagrada… ¡ está prohibido ! Decepcionada, miro el horizonte… para ver a Charles corriendo hacia nosotros ¡ salvada ! 
Paseamos en familia entre las llamas y luego me toca quedarme “a solas” con el Machu Picchu, sin niños pero con la presencia de unos 1500 turistas… 

Para terminar la vuelta por el Valle Sagrado, visitamos el sitio de Pisac, que no tiene el mismo encanto que Ollantaytambo. El pueblo es famoso por su mercado (donde finalmente los precios no son más caros que en Bolivia) pero realmente funciona sólo los martes, jueves y domingos. El sábado, sólo hay algunos puestos, por suerte el pueblo mismo es bastante agradable. De vuelta a Cuzco, un paseo por el sitio Sacsahuaman, y luego, dirección Puno. Los paisajes son para quedarse boquiabierto y subimos otra vez más allá de los 4500m. Pero se acaba el paraíso cuando Harvey se para por la enésima vez por avería. Después de varias paradas para purgar el filtro de gasolina, por fin llegamos a la frontera… ¡ Y si no hubiéramos olvidado la diferencia de hora (1 h) entre Perú y Bolivia, habríamos llegado con media hora de adelanto a nuestra cita en Copacabana ! 

(¡ Gracias a Manu y Julio Herrera por la traduccíon !)
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