Mendoza, noviembre del 2006

Otra vez más, felices por reanudar con el viaje, dejamos Salta. Giramos hacia Cachi y volvemos a vivir las alegrías de la pista, ¡ el polvo y la altitud ! Al pie de la capilla de la Piedra del Molino, un cartel nos confirma que estamos a 3400m de altitud.
chapelle
Recorrimos el Parque de los Cardones, el cardón siendo una variedad de cactus emblemático en esta zona del Noroeste. Nadie por allí, tan solo un guardia que nos precisa que está prohibido pasar la noche en el parque "porque son demasiado pocos los que pueden controlar su seguridad" (¡!) Es verdad que cuando cae la noche, estos cactus gigantes parecen repentinamente amenazantes…  cactus
Llegamos a Cachi el día siguiente. Un verdadero pueblo digno de una postal, con casas adobadas de un blanco chillón, cuatro callecitas de pavimento que se desembocan en la plaza central, donde están edificados una pequeña iglesia y un museo arqueológico con arcadas. El pueblo parece desierto, aplastado por el calor, y solo cogerá vida por la noche, las 9 pasadas, después de misa. Que lastima, es justo la hora a la que nosotros buscamos tranquilidad. Pero, no como nuestros pequeños trotamundos quienes caen de sueño, los niños argentinos, ellos sí que viven de noche desde sus primeros pasos.  cachi

La ruta 40 está a la altura de su fama. ¡ Una guapísima chapa ondulada como tanto nos gusta ! A 20 km./h, se escucha hablar todavía, a los 40 km./h, todo el mundo se tapa los oídos. Unas fotos sacadas al vuelo ¡ lo cotidiano ! A Molinos, la iglesia y sus edificios…. amarillos con persianas verdes tienen un toque "Provençal". Pero al salir del pueblo, volvemos con las casas adobadas tan características de esta región, y en el patio, el inmutable horno de pan, bueno, mejor dicho, horno de empanadas. Las casas típicas de los valles tienen además grandes columnas neoclásicas… ¿ nostalgia de la época colonial o esnobismo local ? maison en adobe
cañon
Tras Angastaco, acurrucados con la roca, nos abrimos el camino en el medio de montañas de rocas impresionantes. Difícil traducir la inmensidad de estos valles de arenisca roja, erosionadas por la lluvia y el viento. Quisiéramos olvidarnos del tiempo, contemplar estos paisajes lunares que se encienden con la luz del crepúsculo y que luego, vuelven a calentarse paulatinamente por la mañana. Sin embargo, la calidad de la carretera no nos permite rezagarnos, así que ¡ otra vez con esta maldita chapa ondulada !

Cayafate por fin está a la vista. El pueblo ha conservado su toque de ciudad colonial y disfrutamos paseando por la exótica plaza central, ¡ un guapo batiborillo vegetal ! Pero todavía lo que crece mejor aquí, son las viñas y el vino Torrontés de Cafayate es el más famoso del país. Visitas de las bodegas y catas, una sensación de "déjà vu"… no somos ni profesionales ni aficionados a la jerga de la enología, ni más ni menos que lo éramos en Dijon, pero aquí, ¡ ser francés es ya un valor añadido ! bodega etchart
perroquets Volvemos a seguir el camino del Norte cruzando la Quebrada de Cafayate. La carretera serpentea en el medio de las inmensas rocas rojas, impresionantes aún si el tiempo está moderado. Nos encontramos con un zorro y papagayos azules y verdes que acaban de convencernos : pasaremos la noche en el medio de la naturaleza para contemplar todo este mundillo con mejor tiempo. Los rayos del sol nos hacen cosquillas por la mañana al despertar, pero serán demasiado bajos para dar al sitio todo su resplandor. Bueno, otra vez más, en la carretera...

Después de una parada en Tafi del Valle, alcanzamos dos sitios con hermosos nombres quechua, Ischigualasto y Talampaya, dos formaciones geológicas para quedarse boquiabierto. Ischigualasto significa "tierra sin vida", es otro valle de la luna que nos recuerda la de San Pedro. Romain está encantado porque esta vez, ¡ por fin está la luna ! Parece que un par de rocas se quedan en equilibrio y es lo que pasa, "la lámpara de Aladin" acabo desplomándose y "el submarino" parece bien frágil… valle de la luna
Extravagancia poco ecologista, Ischigualasto solo se visita por convoy, cada uno con su propio vehículo, así que vamos en la casa móvil detrás de una media docena de coches de alquiler. Pero un nuevo pinchazo nos retrasa sin que nadie se preocupe de nuestra ausencia y allí estamos, perdidos en el medio del parque, delante una red de pistas que se enredan… ¡ no estamos muy seguros de haber entendido donde está el sentido de viajar en convoy ! harve
guanacos
Allí, en Ischigualasto, quedamos en admiración delante de los primeros guanacos. Su cabeza y pelo son más oscuros que los de las vicuñas, pero la silueta es la misma. Por la noche, observamos a escondidas un zorro que viene husmear las basuras del sitio. Después de haber conocido los habitantes de aquí, vamos al museo a visitar sus predecesores, ¡ unos enormes dinosaurios de los más antiguos del planeta ! Enchantés...
zorro ! A Talampaya, el parking está acondicionado para los campistas. De hecho, 5 o 6 casas móviles alemanes nos han adelantado… es surrealista… el cuadro es hermoso, y nos encontramos otra vez con unos zorros, en la luz del crepúsculo… por causa del viento, retrasamos la visita al día siguiente, gran error, la mañana será nublosa (¡ es rarísimo aquí !). Igualmente, el sitio es impresionante y tenemos la suerte de cruzarnos con un ñandú (similar a una avestruz) y con un par de cóndores… Romain hace salir un roedor pero sus gritos para llamarnos hacen que se escapa rápido… ¡ tiene el ojo del Siux pero todavía no su astucia !

Salida para San Juan otra vez por la ruta 40 y su chapa ondulada, pero afortunadamente, a unos 10 km más lejos sigue una carretera de asfalto. Llegamos en una ciudad en efervescencia, llena de vida que nos cae bien pero es imposible aparcar. Entra de sopetón Aldo, un dinámico argentino con el pelo blanco, socio del Rancho Móvil Club. Un aficionado del viaje con casa móvil que, como no, nos lleva a su casa para enseñarnos, lleno de orgullo, su propio “Ford”, un poquito más viejo que Harvé pero mimado como una Ferrari… incansable y encantador, Aldo no nos deja marchar pero quien sabe, quizás nuestros caminos se crucen este verano por la Patagonia…

Mendoza es una de las ciudades más agradables que hemos visto en el camino. Nos hay edificios extraordinarios porque esta ciudad sufrió varios terremotos, pero la ciudad esconde sus cicatrices debajo de una multitud de árboles… La vida de Mendoza se organiza alrededor de sus numerosas plazas, donde parece que los argentinos se olvidan completamente del tiempo. Los jacarandas está en flor, y su color violeta tan guapo nos traslada un par de meses antes, en la plaza de Antigua en Guatemala. La verdad es que este año, hemos vivido 2 primaveras en 6 meses, ¡ vaya lujo !
Mientras chequean a Harvé, recibimos los padres de Charles en una pequeña cabaña (en el camping Suizo). Después del largo viaje, aprecian las flores, la terraza cubierta y la piscina… vacía ¡ que lastima ! Pero están encantados por mimar sus nietos y nosotros por respirar un poco. Y disfrutar con esta inmersión urbana… al menos, una vez que sepamos como va… porque entre la una y las cinco de la tarde, Mendoza es una ciudad muerta, es la hora de la siesta…
statue
famille Por causa de los nuevos aplazamientos del mecánico, hay que tomar decisiones. Tenemos que dejar el Chile, solo iremos hasta la frontera en coche de alquiler para que Jacqueline y Patrick puedan dar una vuelta por los Andes. Luego, decidirán adelantarse con los niños en la Península Valdés y allí, rogar que las ballenas nos esperen un poco más. En la estación de autobús, Romain está muy entusiasmado, si supiera que le tocan 24 horas de autobús, estaría más resignado, como Patrick por ejemplo…
fleur
En Mendoza, disfrutamos de esta luna de miel improvisada. Sin niños, sin casa móvil, las tardes se alargan y las mañanas se vuelven perezosas… los bifes de chorizo (un pedazo de buena carne de medio kilo) y el sabroso Malbec local nos ayudan a esperar. Un poco aturdidos y casi vergonzosos por tener tanto tiempo libre, nos dedicamos a una actividad “seria” Charles estudiando el castellano, yo escribiendo el diario del viaje.
Los días pasan… mientras la misteriosa pieza mecánica que tanto esperamos está vagando por Argentina, entre Buenos Aires y Mendoza. Nos hastiamos un poco de pasear por las plazas, de la misma manera que las otras parejas lascivas que empiezan a echar raíces en los bancos públicos, como en los comics de Agrippine. Este hotel Zamora, elegido por su tranquilidad y su patio andaluz empieza a cansarnos, al menos que sea el paso tan lento de la dueña, su ojo torvo o su cara maquillada sin vida que no aguantamos más. En vez de ceder a nuestras pulsiones mortales, vamos a correr, un largo rato, y sobre todo, cambiamos el hotel por un albergue juvenil. ¡ Por fin unos intercambios de palabras, vida y una bienvenida acogedora ! 

En el momento en que escribo estas palabras, nuestro meloso calvario está a punto de acabar. El mecánico está montando la pieza de la casa móvil y dentro de un par de horas, nos iremos volando a la Península Valdés. Bueno, tal vez… mañana…

(¡ Gracias a Manu por la traduccíon !)
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